(XI) A mi abuelo
Silueta rígida, errante,
camina alto…
en silencio calla y prosigue.
Pisadas profundas quedan atrás.
El conjuro de la noche desenlaza
en lluvia que cala hondo;
con el pecho mojado
y la frente fruncida
observa fijamente:
aún queda trecho por recorrer.
A su espaldas un saco:
retales de tela vieja,
hilachos negros, y dos cuerdas
a modo de asa.
Miles de recuerdos tallados
en cada tachuela, y andanzas
de una época ardua
ancladas en el bolsillo.
¡Caminante que caminas
sin saber a dónde!
Despierta hija, que ya es tarde.
Coge el saco de tu abuelo, y guárdalo
contigo, por siempre.
Un alma más que vuela lejos, y otra
en casa, aguardando.
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